lunes, 28 de marzo de 2011

In the flesh!

No sé muy bien por qué lo hice pero lo hice, no quería hacerlo. O tal vez sí, eran tantas las ganas de hacerlo que lo hice. Sin importarme el deber, aunque ése casi nunca me importa. Escribiré hasta las dieciocho, con este sol de las dieciséis y veintidós. Hay veces que no sé el porqué de lo que siento, porque sí, aún siento y más ahora.

Era tanto el enajenamiento, tanto el aislamiento, tantos muros a mi alrededor que en mí se levantó uno más grande, más fuerte que el de cualquiera y leí: “Que le ayuda a establecer prioridades”. Esa frase revolcó mi cabeza de una manera extraña y particular: ¿Por qué estaba allí? ¿Por qué seguía ahí sí al final no quería? ¿Cuál era la prioridad?

Sea cómo sea lo que ahí me enseñaran lo podía aprehender solo, igual creo que no me importa, ni a nadie…..pero ¿por qué habría de importarle a alguien más?

Puede que sienta arrepentimiento –cosa que casi nunca siento, y que ahora es tan practicado por mí como dormir– pero igual soy muy seguro de lo que hago y por eso no regreso. Será quizás orgullo pero prefiero eso a traicionarme a mí mismo.

Cuando veo mi vida de antes no puedo reconocerme, entonces es cuando dudo que ese al que veo sea yo, lo aseguro y salgo del problema. Ahora siento lo mismo (no me reconozco) pero, esta vez, no puedo dudar que ese que veo sea yo. Es más no es que me vea ya que vivo en él, es más bien ver en él.

Es un plácido lugar sí se observa, está quieto y aunque hay mucho movimiento en el lado izquierdo siento que es insignificante en comparación con el que en mi mente hay, o en mi alma.

No me ha de culpar, cumplí su deseo, ella quería estar allí, ahí la dejé. No le importaba si yo, o alguna otra persona, estuviera ahí. Ella sólo quería estar allí. Ahí no hay problema, no puedo sentir culpa, todo encaja, no creo que en parte su petición “Por mí” me incluyese a mí. Era a ella, sólo a ella, para cumplir, para hacer lo que se supone debe.

Sufro cuando ella sufre, y sufro por mí. Son las dieciséis y treinta y ocho. Sufro por ella porque la quiero, en verdad la quiero como no creí –ni poder, de hecho– hacerlo. Y sin embargo la lastimo, o bueno, la hago lastimarse. Ella juega conmigo y me gusta, es entretenido –Son las dieciséis y cuarenta y uno– e interesante. De cierta forma confortable, molesto (a veces) y aun así confortable.

Escribo aquí, desde este lugar que el sol ilumina y no en mi casa porque allí tengo otra cosa que escribir, algo para el dos del mes quinto, algo que ansío escribir y creo que lo he de terminar el dos a la hora cero.

Ahí hay cosas buenas y malas de ella, pero ahora no escribo sobre ella sino sobre mí.

Hoy –como regularmente– quise decir mucho, tantas cosas feas como bonitas, tanto crueles como compasivas. Pero no dije nada. Fue aquí donde estuvimos esa vez, esa vez que me di cuenta que la quería más de lo normal, que no debía hacerlo, por su bien y por el mío.

Son las dieciséis y cuarenta y nueve. Ahora me arrepiento más por lo que no digo que por lo que digo; sin embargo debo reconocer que si lo dijera me arrepentiría más. Y entonces viene el colapso mental. Y entonces mi muro siente el suyo y crece, crece tanto que no sé quien se siente más mal.

Miro con aprensión el lado izquierdo, siento el sol quemándome el cuello, y no es que se haya ido el sentimiento, ni tampoco que se haya acabado la inspiración, es sólo que está sonando música mala y eso no me gusta. Son las dieciséis y cincuenta y cinco, principio de la página cuarta de mi agenda, escrita a mano y a lápiz… cuando casi nunca lo uso.

Veo borroso, me pesan, de hecho, los parpados y escribir me ha hecho bien. También pienso que está bien y que él, mi mejor amigo, ha de cuidarla y también está bien. Esto cada vez se parece más a una carta suicida, y aunque estoy seguro que se escriben ambas con el mismo sentimiento, no es una carta suicida.

Se me cayó el borrador (que me dio) y se me durmió la pierna, ahora el sol ilumina el lado derecho de mi rostro, ya son las diecisiete en punto.

Me siento un poco más tranquilo al escribir porque así puedo dilucidar qué me pasa y probablemente los cables se alineen, dejen a ese corto –que decidí tener– un poco más despejado. Para disfrutarlo más, para sentirlo más y mejor. Para sentirlo más cerca.

Sólo han pasado dos minutos, pero para mí ha sido mucho y aunque oiga música mala siento que todo va a estar bien y mejor. Ya una hora de haber abandonado ese sitio, media de estar aquí y cuán he progresado.

Yo hablo, saben, pero también me gusta escuchar; escucho porque así puedo conocer y entonces es mucho más interesante para mí. Me acorde que debo hacer un ejercicio, creo que después lo haré, pero porque quiero hacerlo. Ya se le acaba la punta a este lápiz y cometí la insensatez de no cargar sacapuntas. Pero es que casi nunca uso lápiz… bueno, será para la próxima.

Estoy algo preocupado ya que el proyecto que ya se inició sólo ha recaudado como quince personas y en su mayoría son traductores. ¿Dónde quedaron los editores de audio, y los actores? En fin, de eso me ocuparé en ‘semana santa’ ya que se trabaja mejor en esas fechas. Y el mismo Cristo es testigo de eso.

Bajó demasiado la intensidad de mi escritura, tenía mucho que decir. Bueno, bastaría sólo con decirlo, contarlo, pero entonces todo este caos (mis palabras) no sería un poco más duradero. Puede que tanto lo escuchado como lo leído sean posiblemente olvidados, pero la lectura en un poco más inolvidable. Ya son las diecisiete y dieciséis, puedo percibir el sonido de un helicóptero que sobre mí pasa.

Cómo estará la clase, me pregunto yo. Pido a Dios que no haya nada ‘importante’ porque en ésa nota es lo que me falta. Bueno, será tener fe.

Quiero a mi casa llegar, seguir trabajando en lo que estaba. Subirlo y dormir algo. También intentar hacer la babosada –¡Oh, qué palabra tan ella!– de medio ambiente. Pienso, si me gustase el medio ambiente no estaría estudiando lo que estudio, y aunque no es como acabar con él, sí es como despreciarle.

Me acordé de otra cosa: Hoy habían muchas moscas en mi casa, me pregunto el porqué. Será buena la dormilona, princesa es princesa, bobada es bobada, locura es locura, vileza es vileza; pero hay veces que las cosas son buenas aún siendo todo eso. Por ejemplo “Tienes un e-mail” es una película que vi una tarde almorzando y me gustó. Puede que sea tonta, romanticona, pero tiene algo que la hace ‘especial’.

Hoy llegué tarde a las catorce y media, bueno más diez minutos. Ella legó a las en punto aun cuando dijo que era a las y treinta. No puedo evitar sentirme mal por eso y pienso: ¿por qué ella es siempre la que me espera? ¿Por qué no es al contrario? ¿Por qué lo hace (esperarme)?

Ya está insufrible el lápiz, el sol está justo atrás de mí –no lo miro porque entonces no puedo seguir viendo, aunque quiera– y las manos me duelen ya. Son las diecisiete y media, es increíble cómo pasa el tiempo, cómo tenía dudas y ahora parecen haberse disipado. Si yo ya era loco, ella me pone peor, y lo mejor: no enloquece esa parte de mí que ya estaba loca, enloquece es esa que está –¿estaba?– cuerda.

Quiero que se me duerma la pierna, quiero sentir lo de aquella vez.

La vida es una idiotez, y más idiotas nosotros por vivirla, pero por una extraña razón, creo que aún puedo obtener más de ella. Es cierto que al final moriré y que –como de verdad deseo– desapareceré y conmigo todo lo mío y lo que fui, pero por el momento tiene sentido todo porque aún no estoy muerto, estoy vivo, puedo seguir buscando o descansar, sentir, pensar, ser consciente. Eso no lo cambio por nada.

Ya empezó de nuevo la pierna, por alguna extraña razón me están picando hormigas que quién sabe de dónde salieron. Y son las diecisiete y treinta y nueve.

Nunca me había gustado escribir a mano, en parte porque siempre que lo hice leían los demás mis escritos y se horrorizaban. Es mejor escribir por computador ya que es un poco más seguro –aunque en la internet lo ponga– y fácilmente corregible, y explicable. Creo que ya no me importa, el hecho es escribir. Supongo que se horrorizaban porque no hubo texto que terminara, y ya conocen cómo escribo.

No sé por qué razón siempre que vengo a estos lugares salgo picado por insectos. El sol se ha escondido, algunas lámparas del alumbrado público están brillando, pero aún es de día, son las diecisiete y cuarenta y nueve. Lo sentí, ya bajé la pierna. Pienso que le estoy dando por lo menos una buena utilidad a esta parte de mi agenda, sin embargo creo que no lo volveré a hacer, o por lo menos en un buen tiempo, creo no necesitarlo, o como ya dije, no tan pronto.

Pienso en la transcripción de esto. Espero hacerlo tal y cómo está, sin cambiar palabras –como siempre hago- porque siento que éstas son sagradas.

Me pican más, veo más borroso, está más obscuro, y en lo único que pienso es en esa clase, aún ruego para que no hayan sacado notas. En fin, sí lo hacen seré yo el responsable y creo que eso será suficiente. En ese momento mi prioridad era yo; ese maldito horóscopo tenía razón los parques son buenos. Pero no había podido estar en uno. Ayer con ella estuve en uno muy artificial, creo que es hora de reconocer que en verdad la naturaleza es hermosa.

Me pregunto si caminar o coger bus. Faltan sólo ocho minutos para las dieciocho. Esto casi llega a su fin, no sé cuántas páginas tiene, no sé cuántos párrafos tiene, ni cuántos de más tendrá, sólo sé que ya casi voy a dejar de escribir.

Ahora pienso que mi autocontrol, el mismo que era tan fuerte e impenetrable, se ha vuelto débil, tenue, y no sé si eso sea bueno o malo.

Más hormigas, ¿de dónde saldrán? Lo cierto es que ya casi, ya casi termino esto, ya casi estará esto en mi blog, mi espacio donde mis delirios dejo escapar. Y hablando de delirios, en verdad ha sido ella la única que ha soportado mi ritmo, y aún me quiere más loco. ¡Masoquista! O quizás también lo sea yo.

Ya esas cosas están sonando, esas que supuestamente agua llaman, ya se acabó todo, ya son las dieciocho.

Me pregunto cómo estará mi mamá, espero que esté bien. Se me olvidó entregarle hoy lo rojo ¡qué insensatez!

lunes, 21 de febrero de 2011

Fragmentación

Hoy recordé la primera vez que XP instalé. A pesar de ya mucho haber pasado, siento que lo recuerdo, aun siendo borroso, con la misma intensidad, tristeza y lastima por mí. Y suspiro.

¿No se supone que las primeras experiencias en las pasiones deberían ser las mejores? ¿O quizás al menos las más importantes?

La verdad mi primer experiencia con computadores fue mucho antes, sin embargo debo reconocer que la primera vez que instalé Windows XP fue el fracaso más grande que he tenido, y eso que he tenido varios ya.

Después de salir totalmente enajenado, miré con aprensión la calle, calle que debía cruzar para poder la ruta alcanzar. Pero era tanta mi frustración que decidí mejor caminar. Caminar para pensar, o dejar de hacerlo, qué sé yo, para cansarme quizás.

Caminé lo más rápido que pude, sin correr. Anduve, anduve sin pensar en nada, o quizás manteniendo monólogos, físicos o mentales, hasta que encontré que en el camino se había acabado el andén.

Esto no me importó en absoluto y seguí caminando, sentía cómo mi cuerpo se iba cansando, se iba oxigenando -¿oxidando?- con el ejercicio, que aunque no me disgusta, no practico.

Nadie es ajeno a esto y aunque no sea prudente decirlo lo diré:

Las razones que me llevaron a la necesidad de Re-instalar XP fueron básicamente legales ya que, tras no saber muy bien el cuento del WGA, instalé muchas actualizaciones de Windows Update y me dijeron que el Windows no era legal. Tendría yo unos 11 años quizás.

Recuerdo en la página el cartelito que decía que mi Windows era ilegal y que por eso actualizaciones no podía descargar; entonces decidí, como tonto insensato, a la reinstalación recurrir.

Pero basta de tonterías, sólo estoy haciendo un poco más ameno una de las peores cosas que he vivido.

Y me miró a los ojos y dijo:
-¡¿Se le perdió a usted algo conmigo?! -Con una emoción que jamás vi.-
Después de repetir esa frase varias veces se notó cómo su mirada se tornó furiosa y finalmente exclamó:
-¡¿Por qué tuve que mantener la educación?! ¡Debí haber hecho muchas cosas más!
Y finalmente confundida me dijo, como diciéndose a sí misma:
-¡¿Por qué sólo dije eso?!

Recuerdo que el tipo que el sistema montó me dejó un DVD donde había varios programas, y claro, varias versiones de Windows. Se trataba del famoso Todo En Uno de Bor@ss Vol.5.

Cometí el error de hacer la instalación desde el mismo Windows, es decir hacer una ‘actualización’ la cual me llevaría a un punto de desesperación.

Después de cerrar todas las ventanas e iniciar la instalación del DVD, empecé a instalar Windows XP. Recuerdo la emoción con que empecé, nunca lo había hecho, vi vagamente cómo se hacía pero, nunca tuve ninguna instrucción, y quizás fue la primera vez que me aventuré en terrenos obscuros, totalmente difusos y confusos, desconocidos sin importarme las consecuencias.

Y fue entonces cuando soñé que me golpeaban, me interrogaban y luego me golpeaban. No sabía quizás las respuestas, es más, no recuerdo las preguntas, sólo sé que cualquier cosa que dijese era motivo para ser golpeado, golpeado en la cabeza.

Me veía yo ante ellos, yo estando en mí, no recuerdo cuántos eran pero eran más de dos. Recuerdo la obscuridad del lugar, un lugar perdido del espacio y a un yo cambiando de forma, de cuerpo, de ser y continuando aún sin atinar a la respuesta requerida.

Recuerdo cómo después de que ser golpeado caía al vacio siendo uno, volvía al lugar del obscuro interrogatorio siendo otro, pero obteniendo el mismo resultado, y así varias veces.

A través de la instalación, mi ansiedad fue creciendo y mi ritmo cardiaco empezó cada vez más a subir de frecuencia. Y luego, el primer reinicio. Recuerdo como casi me muero, como si me hubiera desmayado, me hubiera descargado, me hubiera muerto en un segundo cuando éste se apagó.

Con aprensión entonces miré la pantalla, aprensión con la cual aún miro mi alrededor, esperando una respuesta, esperando que iniciara ¿y qué obtuve? Simplemente un reinicio cíclico que cada vez que sucedía sentía que mi alma se quebraba en pedazos, que me consumía por dentro.

Yo con angustia y desesperación hice mil intentos en vano, y luego tras una idea fugaz, se me ocurrió instalarlo como vi un día que alguien lo hizo, aunque como dije antes, era un territorio aún no explorado por mí.

Se encontraba a mi lado, y me miraba ya no con los increíbles y nobles ojos con que me miró, sino, esta vez, con unos totalmente diferentes y malvados.
Su mirada mostraba una gran satisfacción, satisfacción ante mi sufrimiento, mi angustia, mi desesperación. Parecía que mi dolor la revitalizara, que se alimentara de éste y yo, sin duda era sólo su juguete en ese momento.
Vamos, comételo todo. –Decía la infeliz.-
Ahg. –Decía yo al intentar comer.-
Sí se puede, ¿ves? –Con tono burlesco me decía.-

Comencé de nuevo, con mayor angustia al ver cómo cargaba la primera parte de la instalación, tras unos instantes, me encontraba eligiendo lo de las particiones y entonces decidí no formatear puesto que los archivos necesitaba recuperar y si lo hacía simplemente todo perdía.

Instalé el sistema en otra carpeta y después el proceso de copia de archivos. Mientras veía la barra de progreso pensaba –ignorando la diferencia entre DOS y NT- “¿Es que acaso la instalación no ha cambiado desde la versión 3.1?” Creo que ese momento fue tan largo que mi ansiedad crecía a pasos gigantes, después el primer reinicio.

Cuando reinició, temiendo obtener aquel indeseable resultado me encomendaba a Dios mientras la PC cargaba. Cuando cargó, sentí un aliviane que jamás había sentido, que jamás he vuelto a sentir, y seguí las instrucciones de la instalación. Leía cada cosa que decía, leí todos los mensajitos que se repiten cíclicamente si la instalación no se acaba antes que éstos.

Entonces, decidí hacer algo que no quería, pero que sentía que debía hacer.
La miré, la miré entonces con esa mirada con que a nadie se mira, que a todos desespera, que a todos incomoda. Pude vencerla pero, recordé a esa pobre niña que lucía arrepentida por haber sido tan buena, y finalmente, desistí.

Todo iba bien, iba normal, hasta que repentinamente apareció algo con lo que no recordé que me podía topar. Era el recuadro de registro en el cual la instalación me pedía un serial, como era un idiota, mucho más que ahora claro está, los seriales que saqué no funcionaron y derrotado me tendí a llorar.

Creo nunca haber llorado así y menos por algo semejante, bueno quizás no con la misma intensidad con que lo hice aquella vez. Recuerdo ese sentimiento de desesperación, decepción y angustia, sumado a eso, habían venido de visita familiares que, sin duda, estaban esperando aprobar o desaprobar mi conducta.

Le dije entonces al cruel de mi padre que llamara él al tipo que me había dado el DVD y éste me contestó que no, que él no lo iba a llamar. Una de las cosas que le agradezco a mi padre fue ésta; ya que me tocó a mí llamar y enfrentar el problema. Si él lo hubiera hecho, quizás aún yo no me enfrentaría a la vida como lo hago hoy.

Ocasionalmente camino y no sé cuánto, no me canso. La mayoría de veces lo hago acompañado por mi padre quien me hace recorrer la ciudad entera, de sur a norte, de este a oeste, y aun así no me siento cansado. A veces me impresiono que él se canse e yo no, de todas formas, aunque yo no sea consciente de la distancia que hubiéremos recorrido sé que lo más prudente es cansarse.

Sin embargo por más que camine y camine no puedo recordar a qué partes he ido y ni siquiera puedo ubicarme. Caminando solo sé que debo saber dónde estoy y que no hay nadie ahí para cuidarme ni apoyarme, en cambio cuando voy con alguien, con quién quiera que sea, siento que soy llevado y no pongo cuidado al camino.

Hablo, rio, hago cualquier cosa menos concentrarme en éste. Creo que esa es la causa de mi falta de ubicación, todo esto fue pensado mientras caminaba en la carretera solo, camino a mi casa. Ante la necesidad de ubicación, me fui cansando más.

Entonces me tocó llamar al tipo, ceder, y enfrentar el hablar con él. Aún no entiendo cuál era el problema de hablar con ese tipo, sólo le llamaba para que me diera el maldito serial. Hoy por hoy me llaman para cualquier cosa, cosas complicadas y aun así no hay ningún problema.

Ese día aprendí cómo hacer las cosas: Hacerlas por mí mismo.

Al final, la instalación fue más inestable que mi psiquis y duró, supongo, dos meses. Luego conocí las bondades del parche para validar Windows –que por emule bajé- y así fue mi primera experiencia instalando XP, el Windows de la eXPeriencia.

Luego de varias cosas vividas, supe que, en definitiva, debía rebautizarla ahora como María. Así es ante mis ojos, ante mi ser, es María, esa que juega a la buena y a la mala. Sé que ella es ambas, ¿pero de quién será más?

Después de enfrentar la realidad, de enfrentarme a mí mismo y a mi estupidez me volví un poco más sereno, más cruel y descomplicado. (¿Qué otra palabra?) Ahora soy una especie de crítico obsesivo y no sólo porque sea para mí la critica una obsesión, sino porque lo son mis pasiones.

Entonces me quedé ahí, acepté su voluntad, me rendí. Permití que ellos me pegasen cuanto quisiesen, al principio en la cabeza, luego ya empezaron en otras partes hasta que desperté.

Después de eso, creo que seguí alucinando y los fantasmas aprovecharon para asustarme. Una vez más yo no les hice caso y me dormí.

lunes, 7 de febrero de 2011

Fin del tiempo ordinario

El tiempo que hoy acaba es un tiempo de desolación, de angustia, de afán, de felicidad, de estupidez, de estrés, de imaginación, de ver televisión, de jugar a ser Dios, de soñar sin compasión, de ser humano, de perturbación. Un tiempo de infinitas sensaciones.

Hoy acabó todo eso, hoy precisamente que soñé aquello. Recuerdo la vez que leí “Lejana”, esa vez creí que era imposible aquello, sentirme como si fuese otro sabiendo que no lo soy, pero hoy sí lo sentí. En ese sueño vi sufrir a alguien, alguien que sufrió mucho e, increíblemente, yo sentí lastima por él, me dolió lo que algunos llaman “Corazón”, me dolió el alma.

Esa crueldad que no me deja, y esa maldad con la que veo el llanto ha sido a causa de las telenovelas que en cuanto a mí, me han insensibilizado.

No hay cosa más estúpida que una telenovela y para mí lo más divertido es que allí malas cosas pasen, ¡qué lloren, que para eso les pagan!

En este tiempo tuve la oportunidad (imposición) de desintoxicarme –o bueno, a mi parecer intoxicarme más- de darme un respiro y sin embargo la necesidad de hacer algo perturbando mi mente estaba, tanto que aquellos miedos y sentimientos que creí haber dejado atrás volvieron y casi me vuelven loco. Y al final de todo, cuando volví a la acción estuve casi 72 horas seguidas trabajando, con el afán más loco que he sentido, y todo porque se necesitaba terminar rápido.

Lo que pasó fue que a mi PC –ahora sí, con toda serenidad le llamo mío- iba a cambiar el procesador, porque su ídem se calentaba y yo ante mi afán de potencia compré un CPU más calentón. Claro que no funcionó, éste se apagaba y alcanzaba temperaturas altísimas; así que estuve sin PC casi un mes y me dediqué a hacer todo aquello que no pude –la verdad no quise- hacer en todo ese tiempo. Visité amigos, familia y todo lo que una persona normal hace, tanta normalidad realmente es enfermiza y por supuesto cuando la distracción ya no es suficiente –y de cierta forma el desencanto de las experiencias es mucho- por poco se llega a un colapso mental. Yo sé que estoy loco, pero la verdad nunca creí que pudiese llegar a enfermarme. Supongo que puse la mirada como Ángela, la cual basta observar para darse cuenta de lo lejos que está, de lo enajenada que se encuentra.

Se suponía que iba a trabajar en un proyecto que hacía rato mi mente recorría, pero no se pudo; luego cuando ya el vicio llegó, pude volver a jugar a ser Dios, pero esta vez no por gusto –o al menos no por el mínimo- sino por necesidad.

Hace un tiempo ideé tres historias, son tres historias en las cuales una parte de mí es la pieza clave, todos los personajes tienen mucho en común, pero realmente son bastante diferentes y opuestos. A todos los pensé en diferentes situaciones, y teniendo (yo) diferentes emociones, sentimientos y juicios, pero hoy sólo les hablaré de la primera, la más alegre, la más fantástica y la única que tiene un final feliz, los vientos que soplan aquí son los vientos de la adolescencia.

Uno es alegre, extremadamente moralista, le gusta hablar de teología y es un excelente filósofo, estudia para ser un ingeniero o algo así. Su problema es su segunda cualidad, esa cualidad lo lleva tras hacer una cosa mala (la verdad es a dejarse llevar, y no es tan mala) diseñar una especie de cárcel para su padrastro, quien supongo sostiene algún parentesco con él; en fin ese sitio es como un centro de rehabilitación para jóvenes con mala conducta. Tras un ímpetu de locura se cola en el centro y vive como un recluso, siempre lleva un reloj digital al revés y nunca le ajusta al pasador, detalle que para mí es muy sugerente. Lo bueno de éste personaje es su gran capacidad de asimilación, no soluciona el problema, pero sí ayuda bastante, representa lo mejor que hay en mí.

Su cárcel es en sí habitaciones móviles, pero tienen todas las comodidades para sobrevivir y distraerse, hasta tienen internet (pero es regulado por la red interna la cual impide algunos sitios y aplicaciones de mensajería), de su cuarto se destaca el gran ventanal por el que se puede observar la luna. La historia transcurre desde la luna llena hasta la media luna. La villana de la historia es su madrastra (aunque su padrastro también), ese centro es sólo la fachada de lo que en los bajos pisos pasa.

Lo destacable del centro es que el verdadero castigo es el aislamiento, ya que se sabe que hay muchas personas alrededor y aun así no hay comunicación, sumado al movimiento de las celdas que dan la sensación que todo se encuentra en movimiento pero, aun así, nosotros seguimos estáticos. Representa la peor pesadilla del hombre: la cárcel psicológica traída a la realidad.

Otro personaje destacable de esta historia es su némesis, él es un fanático religioso católico –él pertenece a los catecúmenos- y a pesar de todo sostienen una muy buena amistad, siempre se andan peleando por teorías teológicas. Su padre pertenece también a un grupo religioso, sin embargo es sólo para aparentar ya que en realidad es una persona bastante mala, en realidad él es el que lleva a su hijo a ese centro por desobedecerle –no acepta su voluntad porque le parece cruel- en una cosa. Tiene bastante dinero, el personaje está inspirado en Alamis, no sé en qué pero en mi mente son casi iguales. Un buen detalle es un crucifijo que lleva puesto en su pecho y unas manillas en ambas manos de la virgen María.

Otra es una chica quien era bastante alegre, pero tras la trágica muerte de su padre –realmente se siente culpable, ¿quién no en su situación?- se vuelve oscura, toda esa felicidad se vuelve amarga, su viuda madre en busca de su recuperación la interna en el centro. Un buen detalle es que horas antes de morir su padre le regala unos aretes en forma de corazón, tras su cambio sólo usa uno de esos en su oreja izquierda, el otro dejándolo en la tumba de su padre.

Finalmente el personaje que lo complica todo es una Hacker y es realmente quien le está haciendo la cacería a los malos. Este personaje no tiene detalles, su sola aparición es más que suficiente aunque su mirada se puede considerar como enajenada.

De todas las historias ésta es la que más me sé, la ideé bien despierto con el máximo ánimo posible, está llena de detalles pues es el fuerte de ésta. En cuanto a las otras sólo diré que la segunda es multi-final, pero todos son trágicos, ésta se desarrolla en la edad de adulto joven, 25 a 30 años y la última es toda mi filosofía retorcida a un ambiente trágico, ateo y vanguardista, se desarrolla en la conquista bajo el puño del cristianismo.

Obviamente el PC no pude reparar, tengo que cambiarle un par de cosas más, mientras tanto en uno nuevo estoy, a ustedes llegando a través de 64 bits. Y hasta aquí llegó la entrada, la entrada que hace mucho debí escribir.

Cuando necesiten que alguien les diga que está bien lo suyo, que es correcto lo que piensan, lo que sienten, que algo les compruebe sus sospechas, no es enfermedad, amigos míos, es sólo inseguridad.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Sin título

Leyendo el otro día me topé con esto de sopetón, ya sabía que existía pero no me había tomado el tiempo necesario para leerlo. La verdad es que encontré ese blog por accidente y de verdad me interesó mucho su contenido, especialmente porque hace mucho tiempo que no escucho a una mujer hablar así, antes mi hermana lo hacía porque podía pero ahora no, ahora ‘no tiene tiempo’.

No quiero dar mi opinión frente a esa entrada, sólo quiero que si leen esto, por favor también la lean. Casi no he escrito nada, o al menos nada que valga la pena, y la verdad creo que no he estado lo suficientemente cómodo para hacerlo, o inspirado, me inspira el desorden, pero lo que en mi caso estoy viviendo va más allá y no puedo obtener nada de ello, es más me incomoda, me inhibe, me reprime, me inhabilita.

Creo que el verdadero problema está en mi forma de ver el mundo, yo soy un realista optimista (más realista que optimista), realista porque soy consciente de lo que la vida acarrea y optimista porque sé y creo que por más cosas malas que la vida tenga ésta tiene sentido, y el sentido se lo damos nosotros. Sólo basta con reírse para entender el verdadero sentido de la vida, vinimos ó vivimos para reírnos, eso me hace feliz y me hace superar el miedo natural del humano frente a la vida (aunque diga que éste es frente a la muerte); y en fin volviendo al tema, es que esta manera de vivir sólo es interrumpida por el caos, pero un caos armónico ó al menos uno que tenga sentido, un caos que me acorrale hasta sentir que no puedo más y me divierta y me haga reír hasta más no poder.

La amistad siempre ha sido esa clase de unión desconocida para mí, aún teniendo amigos y los llamados ‘mejores amigos’ debo reconocer que me es algo realmente desconocido.

Hace un año y 30 días me encontraba yo con mis amigos haciendo un trabajo de clase, se trataba de hacer un modelo de casa en miniatura y nos reunimos a hacerlo. No sé por qué razón andábamos tanto juntos, éramos todos tan diferentes y aún así la pasábamos bien, todos en grupo siempre andábamos riéndonos; así que para hacer esa casa necesitamos hacer más de una sesión de trabajo y la verdad fue que el único día que trabajamos en serio fue el jueves, a un día de la entrega, puesto que nos la pasábamos recochando, vagando, en fin haciendo nada.

Lo más gracioso del caso es que nos divertimos haciendo esa casa, o bueno al menos yo sí, ya que siempre hacíamos cosas divertidas de intermedio como escuchar música, jugar a cualquier cosa, pintarnos y también a golpearnos (supuestamente era una especie de entrenamiento de Hapkido o algo así).

Lo cierto es que terminada la casa, antes de pegarla a la plataforma, de la forma más gay posible, empezamos a hacer una especie de ritual que consistía simplemente en escribir algo debajo de la casa, ya que una vez puesta ésta se ocultaría todo lo que hubiésemos escrito. Todos escribimos cosas, o debo decir ‘maricadas’ ya que todas eran en su mayoría estupideces, quizás yo fui el único de los cuatro que escribió algo serio ya que puse algunas de mis máximas filosóficas; al final, una vez más de la forma más gay posible, afirmamos que si la casa por algún motivo era destruida, nuestra amistad también. Creo que si hubiese sido tan ridículo como las películas modernas, hasta un pacto de sangre hubiésemos hecho.

En efecto me la dieron a guardar a mí ya que de todos creo que el más responsable era y soy yo, luego la dejé en un lugar potencialmente seguro y la olvidé como suelo olvidar a las cosas y a las personas. Por razones desconocidas la casa se dañó y lo mismo le ocurrió a nuestra amistad. No fue culpa mía, al menos en el caso de nuestra amistad, ni tampoco de ellos, o más bien fue la culpa de todos, pero ¿cuando todos tienen la culpa no es mejor decir que nadie la tiene?

Al final, creo que nos alejamos tanto los unos a los otros que era evidente que de esa amistad nada quedaba y también debo admitir que fui yo quien más lejos de todos quedó. Ahora sólo sé que cuento con la amistad de dos, pero cuento con ellos como cuento con la Happy Hour de Rapidshare; con el otro siento que le molesto, y eso que fui yo quien lo inició en el ‘bajo mundo’ que es el anime.

Siempre mis discípulos me han superado, quizás porque muchas veces las cosas olvido o les pierdo el interés, lo cierto es que por más difícil que sea admitirlo mis discípulos siempre me han superado y a la final casi odiado.

Para concluir diré que la amistad sí existe, es sólo que ésta no dura nada, es decir, que al igual que los valores están sujetas a un determinado tiempo y a una determinada necesidad. Con esto no quiero decir interés es sólo que muchas veces siento que con los demás hablo por necesidad, porque lo necesito, porque si no olvido cómo hablar, me olvido del idioma. Es natural para el ser humano ser solitario y llenarse de cosas, llenarse de cosas para que le hagan parecer lo menos natural posible.

Bueno, eso fue lo que a mi mente vino al ver el cascaron de la casa.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Buen día su señoría

¿No les ha pasado alguna vez que las cosas les gustan más cuando no las ven? Pues a mí sí; y la razón de esto, creo, es que ante la imposibilidad de ver las cosas se muestran más interesantes, sensación que confundimos con belleza, a tal punto de creer que mejor se ven.
A mí me gustaba ver la luna cuando no tenía gafas, ahora rara vez miro al cielo. Cuando era un joven idiota, o sea un niño, solía mirar fijamente al sol, solía mirarlo hasta que un invisible lente azul regulara la luz del sol y pudiese contemplarlo, era una bola, o al menos eso podía notar tras esa capa azul que me permitía distinguirle de los rayos.
Esa es quizás la razón de que no me extrañe que esté loco pues yo, ya desde pequeño, estaba en las nubes. Siempre he sentido que nunca fui yo realmente, es más, creo que yo soy el usurpador de la vida de Joseph Moreno, creo que yo se la robé, que en un momento de debilidad lo traicioné porque yo sé muy bien que con él estaba ya que mis recuerdos se basan viéndole a él hacer las cosas, pero yo no me veo haciéndolas por lo tanto él no soy yo. También recuerdo que solía jugar con burbujas, éstas me contaban una historia, la historia sobre la creación y destrucción del mundo, o bueno eso siempre me hice creer yo, entre otras cosas como que Dios existe, la inmortalidad del alma y muchas más estupideces con las que suelo confortarme, sin embargo ya no me importa si todo eso no es cierto, creo que lo que importa es que estamos vivos, que nos morimos lentamente (al respirar nos oxigenamos y oxidamos) y eso es lo importante, bueno lo importante es que somos conscientes; por ejemplo lo que más les critico a los creyentes es que ellos nos perturban con preguntas como si somos felices con las cosas y el mundo que tenemos, con las preocupaciones y con nuestra vida, proponen ellos que seamos más pasivos, que nuestra esperanza total en Dios pongamos y nos quedemos esperando que ‘él provee’, en una palabra es lo que propone la biblia: la razón es un pecado; pero que fin tendría eso, eso es algo estúpido ya que ¿si no tuviésemos razón cómo podríamos apreciar esa ‘plenitud’? y además, el argumento es tan contradictorio, para ellos, ya que proponen que el Hombre no es un animal, aunque tenga corazón, cerebro, intestino e instinto, no, ellos dicen que no lo somos, pero según su tesis ¿no es una vida ‘animal’ la que ellos proponen?
No sé desde cuando soy el que ahora, lo que sí sé es que eso es irrelevante, lo que he podido deducir de mí es que soy un maldito ochentero nacido en el 94’. Hay veces que suelo asustarme a mí mismo para sentir la adrenalina, no sé por qué razón le temo a un ser llamado ‘el pollo malo’ (¡Jajaja, qué nombre tan idiota!) y que en esencia es más malo que el ‘diablo’ mismo, con él hago que mi cuerpo se mueva más, que sea un poco más flexible.
Pero volviendo a lo de la visión, lo digo porque desde que descubrí la codificación a dos pases, así miro yo, por ejemplo, cuando algo me es atractivo a la vista, en muchos casos mujeres, vuelvo a mirarlas con el fin de verlas bien y no llevarme a la mente ideas equívocas. No sé cuál es mi obsesión por hacer esto, supongo que inconscientemente no quiero sentirme atraído por ellas, pero es que ellas son tan lindas, tan fascinantes que es imposible no encontrar al menos una que con un lazo invisible, y bastante fuerte, me hagan volver a mirarlas.
Aun recuerdo el día en que edité mi primera imagen, mi excusa medica. Lo hice porque no quería ir a estudiar, me quedó tan bien que dije que era bueno para editar imágenes, luego descubrí que no era muy bueno, sólo era que las cosas se me facilitaban.
Que día me dijeron que mirara fijamente a un cuadro y le viera hasta que éste se moviera, si bien el cuadro es bastante enigmático, todos pueden sospechar que está embrujado, pero las personas que lo vieron y aseguran que sí lo está son personas que esperaban algo ver, por tanto podríamos decir que ante la imposibilidad de ver completamos imágenes y vemos cosas que no son. ¿Será por eso que se ven mejor las cosas cuando no se pueden ver bien ya que las completamos con cosas que son de nuestro gusto? Como dije alguna vez: “Así como la obscuridad hace parecer a una imagen o a un video de mejor calidad, ciertas actitudes pueden hacer parecer a una persona mejor”; otra cosa que nada tiene que ver, pero aun así la digo es: “No creo en el amor verdadero pero aun así lo espero”.
Aun recuerdo el día en que la cabeza me dio vueltas al son de Comfortably Numb y pensé: Pobre de mí, ¿cuán loquito estoy? Ya desde ese día sospechaba qué pasaría conmigo, ya sabía yo cual era mi destino, y finalmente lo vi, lo acepté y me gustó.
Y ahora que tengo una obsesión más, el lenguaje, o el español, se me ha pegado la costumbre de hablar en voz pasiva y me pregunto si estará correcto en vez de decir “¿La encontró?” decir “¿Encontróla?”, ó en vez de decir “Y la buscaron hasta encontrarla” decir “Y buscaronla hasta hallada estar”.